Jueves Astrológicos

Cambio de canal

Hay momentos o épocas de la Humanidad en que los cambios ocurren a ritmo más rápido, sino vertiginoso. Aunque, convengamos, que a quienes se sienten inseguros con lo nuevo y tienen una particular valoración por lo conocido, cualquier época les parecerá demasiado apresurada y signada por cada mínima alteración de su panorama habitual.

Congreso Internacional de Astrología – Atenas 2011
Presentación del film astrológico ‘Bomarzo 2007’, Bomarzo, Italia

En mi caso particular, y pese a la clara certeza de sus beneficios, creo compartir con una mayoría una cierta extrañeza o desconfianza ante el aluvión de nuevos canales de comunicación entre los seres humanos que nos brinda día a día la tecnología. Atontado por las novedades, por la certeza de lo efímero de ciertas modas, y por no tener la confianza que da el hábito o que da una edad en la que cualquier lenguaje se aprende como una lengua madre, me resisto un poco a lo desconocido; y me voy amigando luego con algunas de sus manifestaciones. Despacito, como el Principito y el lobo.

Traduciendo a Nick Campion, Bauen Hotel, Buenos Aires 2011
Presentando libros de Tito Maciá, Buenos Aires 2004

Más de un pensador (me viene a la mente La semiosis social 2 de Eliseo Verón) ha reflexionada sobre cómo cada nuevo soporte para la comunicación determinó cambios radicales en nuestros hábitos, nuestra cosmovisión y nuestra identidad: la invención de la escritura, del alfabeto, del pergamino, del papel, de la imprenta, del telégrafo, del teléfono, la radio, la televisión, las computadoras, Internet, los celulares, las redes sociales…

Los astros de Mirta Gontad, Bolsa de Comercio de Buenos Aires 2012
Conferencia en el Salón Dorado de la Casa de la Cultura del Gobierno de la Ciudad de Bs As 2010

 

Mis canales

De muy chico comencé a comunicarme con la música y la escritura de ficción, luego de adolescente con el teatro y en mi primera juventud con la enseñanza, particularmente de la astrología. Ninguno de los nuevos canales desplazó completamente a los anteriores, pero acercándose hace unos treinta años la edad del primer regreso de Saturno a su lugar natal, que los astrólogos solemos asociar con una mayor vivencia de maduración y sentido de compromiso, sentí que además de opinar con responsabilidad, debía empezar a hacerme más cargo de mi experiencia, mis saberes, mis dudas y mis certezas, y apelar a caminos más públicos, como las instituciones, la radio, la prensa escrita, la televisión abierta y por cable, los congresos y sus interacciones, ponencias y papers, y las conferencias. En muchos casos me sentí obligado a esta mayor exposición pública sólo para darle mayor sustancia y autoridad a plagios de discursos o hallazgos míos que yo había prodigado y desperdigado despreocupadamente durante años en ámbitos más resguardados como docente.

Xul Solar, Borges y la astrología, Centro CCK Buenos Aires 2016
Presentación libro del Diputado Sobrino Aranda, Feria del Libro 2005

Las conferencias, ligadas a lo institucional y los congresos, fueron antesala de los libros y de las redes sociales. Y como cualquiera, me apoltrono. O trato. Pero la realidad suele ser juguetona y traviesa, y hace unos pocos años terminé de dar cuenta, en forma completa, cabal y en todo mi cuerpo, de cómo la poltrona institucional de la astrología se me había convertido no sólo en una trampa o una cárcel, sino también en una silla eléctrica. Donde, de más está decir, la historia ha testimoniado la muerte de tantas víctimas inocentes de un orden corrupto y precario.

Liberado de esa silla de lo institucional por mano propia y de los Hados, recuperé en la astrología el contacto intimista de la consulta o la clase individual o de grupos reducidos que me sugiere las iniciaciones en los cultos mistéricos (de ahí Nueva Delfos). Y en obras de teatro de cámara (de paso, con esos mismos temas) o en el clima mágico de la intimidad de la cabina de la radio. Y todo pese a  -o incluso gracias a-  la pandemia.

Ponencia, Congreso Ibérico de Astrología, Barcelona 2011
Congreso Internac. de Astrología SINARJ, R. de Janeiro 2008

 

El regreso de Saturno

Inicié este blog creyendo que la escritura periódica iba a ser otro canal plausible de expresión y comunicación, en donde pudiera explayarme en mi propio estilo y sin responder a la brevedad e impacto inmediato a la que apuntan las redes cada vez más populares. Pero mi perfeccionismo y las horas de preparación semanal que dedicaba a la radio desde hace siete años, llevó a que fuera abandonando este espacio.

Curso cuatrim. ‘Textos astrológicos griegos s. I-IV’, FFyL – UBA  Univ. Buenos Aires 2013
Jornada Interuniversitaria, Embajada de Grecia, FFyL- UBA 2018

Ensayos de prueba y error, hace unos pocos meses inicié un experimento que creía que daría cuenta de aquella pluralidad de cosas que me conmueven, me convocan y me entusiasman, un ciclo de videitos de muy pocos minutos que intitulé #jerryunminuto, pero la energía que me significaba la preparación de cada uno no guardaba proporción con los resultados ni el sentido de la cosa, así que lo abandoné muy pronto, de un modo muy similar a lo ocurrido con este blog.

Astrodrama, Canal 9 TV Abierta, Atenas 2016
Astrología, El espejo celestial, C. Infinito 2003

Estoy en la época del segundo regreso de Saturno a su lugar natal. Por la pasión que me unió y me une con la astrología y la larga experiencia que me siento obligado a compartir, me estoy abocando a hacerlo en forma adecuada a mi estilo y los contenidos. El aceleramiento de las transformaciones y nuevas propuestas comunicacionales es paralelo y causa de las pruebas de ensayo y error que acabo de referir. Y esta semana creo que se dio un acierto, el tiempo dirá.

Programa Creencias, Canal Infinito 2005
Las palabras y las notas, FM Aprender 2014

 

Jueves astrológicos: un brindis por el cielo

Inauguré un ciclo quincenal de conferencias–clases abiertas de dos horas sobre Astrología gratuitas a distancia online en directo por Zoom y que desde el día siguiente están disponibles en la forma de podcast de libre acceso en YouTube. Tuvo muy buena respuesta y me siento muy cómodo, porque pude por fin aunar el concepto de red social con el “formato conferencia” al que estaba tan acostumbrado (desde 1990 y hasta la fecha he dado 134 conferencias públicas, a lo que desde luego hay que sumarle literalmente miles de horas de clase en más de tres décadas) y que no me inhibe en el desarrollo de los contenidos ni me supone tanta autoexigencia en las formas, porque es más relajadamente informal.

Clase Abierta, F. Filosofía y Letras – Universidad de Buenos Aires 2021

Muchos de los temas son contenidos que ya volqué en mis dos libros, pero como pareciera que ya nadie lee, o en todo caso no estudia leyendo, este nuevo formato acerca conceptos muy útiles y los vuelve a hacer accesibles. Otras cosas muy interesantes que compartí reiteradamente en clases, hace años o más recientemente, no habían ido al papel. Y otras son búsquedas y hallazgos más recientes, menos conocidos, y confío en que este nuevo canal va a propiciar su conocimiento y desarrollo.

La cita es el primer y tercer jueves de cada mes en horario vespertino de Buenos Aires. Abrí con un tema muy general, bajo el título “La astrología del siglo XXI, ¿qué está pasando?”. Las señas de los títulos y contenidos de las otras conferencias-clases abiertas, así como de los canales para poder participar de cada conferencia en directo o para tener a mano el podcast en Youtube, se encuentran en el sector de mi sitio web dedicado al tema y al que se accede en el siguiente  LINK.

Aquí termino. Mi escritura de hoy salió tan extensa y poco cuidada como iba surgiendo. Quizás un blog debería ser así y no me lo permito por la neurosis de la autoexigencia, la inseguridad y el autoboicot. Pude haber dicho en un breve párrafo, con menos preámbulo: “¡Hola, empiezo el ciclo gratuito #juevesastrologicos!” y el link y listo. Pero bueno, como suelo decir, nunca tengo una idea muy clara de por qué hago lo que hago. Puedo creer tenerla, pero de la creencia a la verdad de los hechos, hay un largo trecho.

Espero que nos veamos pronto. Literalmente.

La invitación está cursada.

#JUEVESASTROLOGICOS

 

La belleza de un ciervo sagrado

La aparición de un cineasta griego que logre que la cinematografía de ese país trascienda el reducido circuito local helénico o el elitista de los festivales de cine hacia un reconocimiento comercial e internacional más amplio es una gran alegría para los amantes del buen cine y de la cultura griega.

Reconozcámoslo: la experiencia de acercarnos al cine realizado en Grecia es más bien pobre o decepcionante, sobre todo ante las expectativas que pudiéramos traer por la trascendencia de ese país para la historia de la identidad occidental. Aunque los filohelenos atesoramos un puñado de películas muy queridas, la realidad es que no son cien por cien griegas, porque las películas que cruzaron fronteras llevaban insitas en la construcción de su ‘ser helénico’ una relación muy fuerte con lo extranjero, reflejando lo ocurrido con la independencia del siglo XIX respecto del yugo turco otomano pero bajo el patronazgo de las otras potencias europeas de entonces.

La mirada de Ulises, T. Angelopoulos

Hace tres años dicté en la Universidad de Buenos Aires un curso cuatrimestral gratuito donde proyectamos y analizamos desde la perspectiva de la semiótica social y los procesos de construcción imaginaria de identidades sociales once películas estrenadas entre 1960 y 2003 que tematizaban este interrogante sobre la identidad de los griegos contemporáneos y su relación con sus míticos antepasados ante sí mismos y respecto del extranjero.

Las once películas eran de muy buenas a excelentes, algunas filmadas o producidas por capitales griegos, otras claramente foráneas pero con asunto, personajes o actores griegos o de ese origen, y su elección obedecía obviamente a la temática abordada. Incluían dos de los ejemplos más tempranos, emblemáticos y fundantes: ‘Nunca en domingo’ de Jules Dassin y ‘Zorba el griego’ de Michel Cacoyannis.

Nunca en domingo, J. Dassin

La de Dassin, un prodigio cinematográfico por donde se la mire, es muy griega y filmada en el Pireo con mayoría de actores del país, pero fue escrita, dirigida y coprotagonizada por un norteamericano (aunque el apellido confunde, era un intelectual de Connecticut exitoso en Hollywood perseguido por la inquisición macartista). Y en ‘Zorba’, los tres protagonistas estaban encarnados por actores extranjeros (el mexicano Anthony Quinn, el inglés Alan Bates y la rusa Lila Kedrova), con un director que prefirió afrancesare el nombre para que pudiera circular en el extranjero. En ambas el idioma inglés supera ampliamente al griego y están claramente narradas desde la perspectiva de un extranjero angloparlante.

Zorba el griego, M. Cacoyannis

Cuando pienso en películas verdaderamente extraordinarias que me atrevería a incluir entre las mejores –digamos– cien vistas en mi vida, no puedo incluir ninguna ciento por ciento griega. Y ello pese a que allí hay cine desde un principio y que tuvo una Época de Oro como el cine argentino o mexicano de las décadas del 30 al 50, aunque un poquito más tarde, dado que no ayudaron las tremendas contiendas bélicas que debieron atravesar la primera mitad del siglo, incluida la guerra civil a fines de ese período.

Como en Italia pero con menos inversión industrial, el Plan Marshall trajo una sensación de bonanza en el esparcimiento de masas que se tradujo en una gran producción de comedias en blanco y negro y luego en color, muchas musicales y en un tono siempre costumbrista, a veces turístico, menos veces dramático o policial, y que si hoy se siguen dando en la televisión con un espíritu similar al de nuestros canales Volver o Cine.ar TV del INCA, convocan más bien a la nostalgia o a un gusto asumidamente camp por el cine de culto, sea por demodé, por berreta o por malo.

Rebetiko, C. Ferris

Los siete duros años de la dictadura de los coroneles (1967-1974), como en la inmediatamente posterior en Argentina, no ayudaron a la industria, y el regreso de la democracia trajo algunos productos bien nacionales interesantes y estéticamente prolijos como la ‘Ifigenia’ de Cacoyannis de 1977 y ‘Rebétiko’ de Costas Ferris en 1983, pero no lograron marcar una tendencia. Más bien hubo comedias torpes y dramas sociales autocompasivos y lamentosos que terminaban siendo bastante aburridos. Y más tarde el típico cine experimental para festivales cercano a la estudiantina que cada tanto los filohelenos corríamos a ver religiosamente en el BAFICI de Buenos Aires, contentos de escuchar a actores griegos hablando su lengua pero luego un poco tristes por no haber visto –una vez más– una gran película.

Ifigenia, M. Cacoyannis

Tres nombres lograron trascender y destacarse en el panorama internacional: uno de ellos es el ya mencionado Michel Cacoyannis, que también lo escriben a la inglesa Michael y Mihalis a la griega con fonética inglesa, lo que ya es todo un símbolo de su extensa formación temprana fuera de Grecia, en Inglaterra. Obtuvo cinco nominaciones al Oscar por ‘Zorba’, ‘Ifigenia’ y ‘Electra’ pero, su éxito no significó haber dejado una impronta por particularmente creativo o innovador.

Z, Costa-Gavras

Otro es el caso de Costa-Gavras. Su nombre, seudónimo de Konstantino Gavras, también refleja concesiones propias de su larga estancia formativa en el extranjero, en este caso Francia, pero de ningún tipo en los contenidos: todas sus películas hasta la fecha sostuvieron explícitamente una denuncia política valiente y admirable en producciones internacionales con actores famosísimos. Algunos son peliculones memorables y merecidamente multipremiados, como ‘Z’, ‘Estado de sitio’, ‘Missing’, ‘La caja de música (Mucho más que un crimen)’, ‘Mad City’, ‘Amén’ y varias más. Sin embargo griega-griega no hay ninguna, exceptuando que ‘Z’ se basa en una novela de ese país sobre el asesinato de un diputado que anticipó la dictadura de los coroneles, pero la trama transcurre en un sitio indeterminado y en francés con actores franceses (excepto Irene Pappas).

La mirada de Ulises, T. Angelopoulos

Theo Angelópoulos es un fenómeno diferente: su breve e intenso paso formativo por París simbolizan su esteticismo europeísta, pero sus películas son todas bien griegas. Como otros países con cinematografías luchando por abrirse paso, tuvo que recurrir al viejo truco de incluir como protagonistas a actores famosos extranjeros como Marcello Mastroianni, Bruno Ganz, Jeanne Moreau, Harvey Keitel y Erland Josephson, tal como nosotros hicimos en Argentina ya retornada la democracia (pienso en las protagonizadas por Mastroianni, Gian María Volonté, Liv Ullman, Julie Christie, José Sacristán o Imanol Arias). De todos modos, confieso que, más allá de su vuelo estético y que me gusta su cine, a veces me aburre por pretencioso, con sus planos interminables que le perdono a Tarkovksy o a Dreyer porque apuntan a lo místico en la esencia y los resultados, pero que en él tienen algo de pose que no me agrada.

El sacrificio de un ciervo sagrado, Y. Lanthimos

En fin, los mencionados están muertos o ya demasiado grandes, y como filoheleno amante del buen cine me alegró mucho ir viendo cómo un joven griego llamado Yorgos Lanthimos fue armándose un nombre ya desde su primera nominación al Oscar como mejor película extranjera en 2009 hasta su última película ‘The Favourite’, que acaba de ganar ayer el Gran Premio del Jurado en el Festival de Venecia, el premio a la mejor actriz protagonista y fue híper bien recibida por la crítica (supongo que acá la veremos recién el año que viene, ¡ufa!).

Yorgos Lanthimos (derecha) dirigiendo a Colin Farrell (centro)

Las dos primeras de estas últimas cinco películas tan reconocidas en los Oscar, Cannes, Venecia, Bafta y varios otros festivales, además de los de su país, son cien por cien griegas: ‘Kynodóndas’ (‘Canino’ o ‘Dogtooth’) y ‘Alps’. Las tres siguientes, dado el éxito de las primeras, tienen capitales y escenarios extranjeros con actores internacionales de trayectoria (Nicole Kidmann, Emma Stone y John C. Reill, y dos veces Colin Farrell, Rachel Weisz y Olivia Colman). Muchos argentinos vieron en televisión en el canal I-Sat ‘Canino’ y ‘Langosta’ (‘Lobster’), sin duda películas muy raras y que a mí me agradaron –al igual que ‘Alps’–, pero no me enloquecieron. Si hubiera sido por esas tres obras, no estaría escribiendo este artículo. Pero cuando fui a ver ‘El sacrificio de un ciervo sagrado’ (‘The killing of a sacred deer’), apenísimas empezada sentí que estaba delante de uno de esos grandes directores que a uno le conmueven radicalmente la existencia. Definitivamente. Y heme aquí.

El sacrificio de un ciervo sagrado, Y. Lanthimos

No soy crítico de cine o de arte, no sé ni me gusta analizar películas: cuando una buena obra de arte me conmueve quedo literalmente mudo y después no sé qué decir (me pasa lo contrario con el mal arte, que me produce una larguísima serie de insultos explícitos o sublimados que no se agota hasta que llego a compensar el disgusto sufrido). Sin embargo, semanalmente en mi programa de radio abordo alguna producción que considero particularmente valiosa narrando algunos detalles de color, algún elemento no spoilero de la trama y aludiendo a evocaciones, emociones específicas y el entusiasmo que me pueden provocar a mí o al invitado de turno.

De izquierda a derecha: Keoghan, Kidman, Lanthimos y Farrell en Cannes

En el caso de esta película de Lanthimos puedo decir que, como en sus obras previas, admiré los fortísimos riesgos asumidos por el director, empezando por el clima surrealista que genera la demarcación actoral, muy inusual y bizarra, y doblemente loable en cuanto se prestaron a ella luminarias como Nicole Kidman y Colin Farrell, ambos artistas que admiro inmensamente porque son gente linda y talentosa que se juega muy seguido también a elecciones de mucho riesgo y que ya me predispusieron favorablemente por su mero estar ahí: cuando el alto riesgo se equipara con alta calidad, las mandíbulas se me caen como a cualquier troglodita frente a un buen artista de circo. Los jovencitos están también fantásticos, muy particularmente Barry Keoghan, que tuvo unas cuantas nominaciones y premios por este papel.

Barry Keoghan en El sacrificio de un ciervo sagrado

La acción transcurre en Estados Unidos y desarrolla la típica trama de una familia de la alta burguesía cuya paz aparente se ve interrumpida por la irrupción de un extraño (Keoghan). Como en toda muy buena película, no importa tanto qué pasa como cómo se lo muestra. Se nota que el director también hace teatro, y a mí me hizo recordar mientras la veía a lo mejor de Haneke (sobre todo el de ‘Cachet’ o ‘Escondido’ o el de ‘Family games’), de Kubrick (particularmente de ‘El resplandor’) y de Pasolini (el de ‘Teorema’ y ‘Saló’). Lo que ya da una idea de la inquietud visceral que genera la obra, presentada en los medios como un thriller psicológico o sencillamente como una película de terror, que es el sentimiento que va in crescendo desde un primer momento hasta el final. Pero de la mano de una emoción estética que tiene que ver con la belleza en su más pura expresión, la del buen arte sincero, articulado e inteligente, y que aquí tiene toda la fuerza de la tragedia griega, sin olvidar otro componente intrínseco de la misma: el humor irónico, que aquí lo hay por demás y a veces con los recursos del teatro del absurdo a los que Lanthimos es tan proclive.

Colin Farrell y Nicole Kidman en El sacrificio de un ciervo sagrado

Después de mi larga introducción sobre mi percepción del cine de Grecia, cualquiera podría con todo derecho objetarme: ¿Y qué tiene de griego esta película, exceptuando al director? Bien, elípticamente (según él no estaba en la idea original de la obra) el título, la acción y una mención tangencial aluden a la tragedia de Eurípides ‘Ifigenia en Áulide’, donde para poder partir hacia la guerra de Troya su líder, Agamenón, debe sacrificar a su propia hija Ifigenia por orden de la diosa Artemisa para compensar la matanza que él había realizado por error de un ciervo sagrado en el bosque de la diosa (cierta tradición mitológica y literaria harán que luego Artemisa reemplace a la chica en el altar del sacrificio por otro ciervo sagrado). Pasolini afirmaba: “Los griegos tenían razón cuando decían que los pecados de los padres los pagan los hijos.” Y agregaba: “Es inevitable que así sea. Porque además así debe ser”.

El sacrificio de un ciervo sagrado, Y. Lanthimos

Cuando hace unos años, después de ver ese canto del cisne del genial octogenario Sidney Lumet que es ‘Antes que el diablo sepa que estás muerto’, salí del cine destruido y sin poder hablar por horas, sentí que por primera vez desde hacía mucho tiempo vivía el desgarro interior monstruoso asociado con la contemplación de la tragedia griega y sus crímenes familiares, la catarsis depurativa por el terror que menciona Aristóteles al caracterizar su esencia. Aquí viví lo mismo, ayudado por la banda sonora, potentísima, de música académica religiosa de distintos autores como Bach y Schubert, pero sobre todo de contemporáneos como Ligeti y la Gubaydulina, entre otros, que evoca esa vivencia de lo sagrado irrumpiendo en su forma más oscura y terrible: la de la justicia divina, inexorable y ausente de toda maldad.

El sacrificio de un ciervo sagrado, Y. Lanthimos

En suma, tuve el impulso de sentarme y compartir esto porque rara vez –no sé, digamos, cada dos años– tengo la impresión de haber visto una gran obra, de esas que le dan sentido por su mera existencia a la historia toda de la humanidad. Y en esto pido casi disculpas de que en mi vida el arte tenga esa dimensión tan central y fundamental psicológica, filosófica y religiosa, porque soy consciente de que para otros no es así o de que desde luego no los (con)mueven las mismas obras. Pero confío en que estos jirones de frases e imágenes puedan inspirar alguna curiosidad por ver esta pieza en particular, que ya por su misma calidad a mí me redime al cine griego moderno. Lanthimos y la belleza de su ciervo sagrado mediante.

Por lo que le estoy entonces tan, pero tan agradecido.

El sacrificio de un ciervo sagrado, Y. Lanthimos

 

Jerry Brignone, 9 de septiembre de 2018